El romero es mi aceite de “ponte las pilas”. Cuando llega esa hora en la que el cansancio mental gana y cuesta concentrarse, unas gotas en el difusor cambian el chip: su aroma especiado y limpio despierta y enfoca. Por eso lo recomiendo tanto en épocas de estudio o de mucho trabajo.
Tiene otros dos usos muy queridos. En masaje, mezclado con una crema o loción, es estupendo para activar el cuerpo y aflojar la tensión de la espalda y los hombros después de un día pesado. Y al cuero cabelludo: un masaje con el romero bien diluido se usa tradicionalmente para un cabello más fuerte y con brillo —es un clásico del cuidado capilar natural.
Es Rosmarinus officinalis puro, con sellos suizos: sin parabenos, sin ftalatos, sin colorantes. Dos avisos importantes: por su carácter estimulante, quienes tienen epilepsia o presión alta deben consultar antes con su médico, y no se recomienda durante el embarazo ni la lactancia.
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