La palmarosa es uno de esos secretos bien guardados de la aromaterapia. Aunque pertenece a la familia de los pastos aromáticos, su aroma recuerda muchísimo a la rosa —fresco, suave y elegante—, por eso a veces la llaman “rosa turca”. Si te gusta el aroma de la rosa pero buscas algo más accesible, esta es tu opción.
En lo emocional, es el aceite del equilibrio. Lo recomiendo para esos días de nervios, inseguridad o cuando hay que tomar una decisión y la mente se siente nublada: ayuda a poner orden y a que las cosas fluyan. En el difusor o en un pañuelo, acompaña muy bien los momentos de tensión.
Y tiene un lado cosmético precioso: es muy hidratante y, al mismo tiempo, ayuda a regular la oleosidad, así que sirve tanto en pieles resecas como en pieles grasas. Mézclala con tu crema o loción. Es Cymbopogon martini puro, con sellos suizos: sin parabenos, sin ftalatos, sin colorantes.
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