La manzanilla es de esos aromas que nadie rechaza. Dulce, frutal, con un fondo herbáceo muy noble, es el aceite que recomiendo en casas con niños y, en general, a quien busca algo suave para crear calma al final del día.
En el difusor o con un par de gotas en la almohada acompaña muy bien los momentos en que cuesta soltar el día. En la piel, mezclada con una crema, es reconfortante para zonas sensibles, secas o enrojecidas. Y por su carácter tranquilo, muchas mamás la eligen para esos ratos en que los peques andan inquietos —siempre difundida en el ambiente y consultando ante cualquier duda.
Es Matricaria recutita pura, con sellos suizos: sin parabenos, sin ftalatos, sin colorantes. Un aceite amable que rinde muchísimo: bastan unas gotas.
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