Si alguien me pregunta por dónde empezar en la aromaterapia, casi siempre le digo: por la naranja. Su aroma dulce y frutal cae bien a todo el mundo, incluidos los niños, y tiene la virtud de calmar el ambiente cuando los ánimos andan un poco encendidos.
En casa lo uso en el difusor a la hora de la cena o cuando los peques vuelven revoltosos de la escuela: pone una nota alegre y distendida. En días grises o de inviernos largos también ayuda a levantar el ánimo de la casa. A diferencia de la bergamota, que estimula, la naranja es más bien calmante, así que es ideal para momentos de reunión.
Es Citrus aurantium dulcis puro, con sellos suizos: sin parabenos, sin ftalatos, sin colorantes. Una nota: como todos los cítricos, es fotosensibilizante, así que si lo aplicas en la piel evita el sol entre 12 y 24 horas.
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